Cuando probé por primera vez la bicicleta plegable no era mía, era prestada. Se suponía que yo tenía que acompañar a mi marido en la Maratón de Buenos Aires durante unos siete kilómetros. Me subí a la bicicleta para probarla el día anterior. Yo dije: esta bicicleta no la voy a poder manejar, cuando me encuentre con el primer lomo de burro voy a salir volando y con esas ruedas finitas me voy a caer en la primera curva. Y dije: nunca voy a usar esta bicicleta. Al día siguiente, cuando partió la maratón, me dije que era una pena desperdiciar el día de sol, así que decidí seguir a los corredores en la bicicleta endeble... llegué hasta el Obelisco. Luego bajé por Corrientes, até la bicicleta en la puerta de un café en Puerto Madero, me tomé un desayuno y seguí hasta el km 35. Cuando terminó la Maratón yo había andado 20 kilómetros.
sábado, 14 de enero de 2017
Encuentro con una plegable
Cuando probé por primera vez la bicicleta plegable no era mía, era prestada. Se suponía que yo tenía que acompañar a mi marido en la Maratón de Buenos Aires durante unos siete kilómetros. Me subí a la bicicleta para probarla el día anterior. Yo dije: esta bicicleta no la voy a poder manejar, cuando me encuentre con el primer lomo de burro voy a salir volando y con esas ruedas finitas me voy a caer en la primera curva. Y dije: nunca voy a usar esta bicicleta. Al día siguiente, cuando partió la maratón, me dije que era una pena desperdiciar el día de sol, así que decidí seguir a los corredores en la bicicleta endeble... llegué hasta el Obelisco. Luego bajé por Corrientes, até la bicicleta en la puerta de un café en Puerto Madero, me tomé un desayuno y seguí hasta el km 35. Cuando terminó la Maratón yo había andado 20 kilómetros.
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